Mis pensamientos son para ti

Caminaban despacio. Charlaban. La noche blanca de luna calma los animaba a decirse frases enamoradas. Los incitaba a acariciarse y dejarse llevar por el otro. El arrullo de las hojas entre los pájaros dormidos de algún árbol les ofrecía un silencioso fondo musical, único, inconmensurable.
Entre las palabras de trivial placer, un pensamiento cruzó por su corazón: ¡lo quiero mucho!. Pero no se lo dijo. Se guardó el tesoro para disfrutarlo sola, con el egoísmo generoso de los enamorados.

Al mismo instante, un latido de su corazón le llevó el suave susurro: es divina. Cuánto la quiero!. Pero no se lo dijo. Simplemente se guardó la joya para admirarla solo, cuando no hubiese tanta gente que escuchase su secreto inexistente.

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